Los Carnavales |
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Se cumplen más de cien años de actividades
sociales, culturales y de ocio propiciadas por la Sociedad
Casino de Águilas, y hemos de destacar en relación al Carnaval
el haber sido la entidad que propició el auge del carnaval nocturno, con
sus tradicionales bailes de máscaras, que es el nombre con el
que se denominaban estos bailes. En ellos, era parte importante
el hecho de ir con máscara y no ser reconocido, pues permitía el
desarrollo de situaciones de humor, risas e impunidad en ciertas
bromas, y de ciertas libertades en el terreno erótico, que
permitían la posibilidad de pasar una noche hablando o ligando y
perdiendo un poco las encorsetadas formas sociales decimonónicas
de esa época. |
En sus orígenes era una
celebración elitista, pues sólo se permitía la entrada a los
socios y éstos pertenecían al estrato de población más
favorecida económicamente. Para ellos era un carnaval que
contaba con trajes más elaborados, que huían de lo chabacano.
Destacaba el baile del domingo de piñata, en el que la mascarada
se convertía en autentico baile de disfraces, y en el que debía
predominar el buen gusto y la elegancia que hoy en día ha
heredado el desfile. |
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Este baile hay que entenderlo
dentro del deseo de los aguileños de alargar lo las
celebraciones del Carnaval (ya que, pese a que se desarrollaba en época de
Cuaresma se procedía como si fueran otras fechas). A las doce de la
noche se producía la ruptura de la gran piñata, con predominio
para el ganador y los más pequeños de los premios que de ella
salían junto a las palomas, que volaban por el salón y daban más
belleza al momento. |
Con el tiempo se propició que fueran
bailes brillantes en su concepción, y en ellos, poco a poco, se
fue abriendo la mano, permitiéndose el acceso a personas no
vinculadas con la Sociedad. También hizo que se convirtiera
durante la dictadura en el último baluarte del carnaval
nocturno, siendo de alguna forma el santuario que veló por la
continuidad del Carnaval aguileño, en paralelo con la mascarada
de mamarrachos, más popular y callejera, que se celebraba
durante las horas de la tarde en los alrededores de la Puerta de
Lorca y de la iglesia del Carmen. |
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Posterior mente y cuando ya
parecía a punto de extinguirse su prestigio carnavalero, en la
nueva época fue retomado por la Peña de los Gatos, que supieron,
ya con acceso libre a la población, imprimirle de nuevo su
carácter acogedor, atrayendo en su seno a las máscaras más
tradicionales, convirtiéndose en un lugar de diversión sana y de
relaciones desenfadadas al ritmo de bailes carnavaleros, creando
así diversos espacios para hablar, beber y divertirse. Su puerta
se ha convertido en el lugar de encuentro y de paso para ver y
disfrutar de todo el ingenio del carnaval de la noche. |
Esperamos que
siempre siga abriendo sus puertas a diario en estas fechas,
dando refugio a esta forma de carnaval inmanente, puesto que va
mas allá del tiempo y del espacio, y en el que aun pueden
convivir todas las generaciones de los aguileños actuales,
mientras reviven la tradición de los bailes de máscaras de sus
antepasados.
Lorenzo Antonio Hernández Pallares. |
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